Tan narciso como propenso a la autoburla, cuando perdió 42 kilos en 2002 afirmó que era para ser una “buena percha” y poder entrar en la ropa que entonces diseñaba Hedi Slimane para Dior.

Pero detrás de esta figura de lengua afilada se escondía un hombre intuitivo que sabía captar mejor que nadie las necesidades de su tiempo. Como en 2004, cuando bajó de su pedestal para diseñar una colección cápsula para el gigante sueco de la moda H&M, hoy algo completamente normal.